“Si automatizaran un 95% de ti, ¿qué 5% salvarías?. Es decir, ¿qué parte de tu persona dejarías intacta?”
Rosa Narváez es de esas personas que lanza preguntas potentes a bocajarro, y nos dejó a todos vacilando con esta pregunta en el último episodio de Futuroscopia sobre las “Cointeligencias” y las duplas humano + máquina.
Las cosas no ocurren por casualidad, y es que ya me había asegurado yo de traer a dos verdaderas “bestias pardas” a este episodio que tenía el gusto de facilitar. Junto con Rosa, había invitado a Luis Villa del Campo, por el que tengo una admiración inmensa y mucho cariño.
Futuroscopia es ese podcast que nos sirve de ventanita por la que nos asomamos periódicamente a vislumbrar el futuro. En ocasiones anteriores habíamos estado hablando de progreso, de sesgos, de geopolítica y del futuro del trabajo. Sin embargo, yo pensaba desde hacía tiempo que todos esos temas tenían algo en común y me apetecía lanzar una reflexión sobre ese baile entre la tecnología y los seres humanos que siempre ha sido fuente de reflexión y en los últimos tiempos se ha vuelto indispensable.
Nos adentramos en esos binomios entre humanos y algoritmos con César Astudillo y Fernando Garcia-Quismondo (高安洋), que nos volvieron a hacer numerosos “esguinces mentales”. Además, lo hicimos con gran optimismo, obviando asuntos que ya nos agotan como si la máquina va a superar al humano ó en qué momento se va a producir la Inteligencia Artificial General y gaitas similares.
Acabamos además conversando sobre tecnología, gestión, negocio e incluso la música y el arte… ¿me acompañas repasando todo de lo que hablamos?
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¿Qué es la cognición y dónde ocurre?
Para centrar el tiro, yo había propuesto un libro que sirviera de excusa para la conversación, el aclamado “Cointeligencias” de Ethan Mollick profesor americano en Wharton y sobre el que tenía grandes expectativas y sin embargo me había dejado un poquito frío.
Adicionalmente, había leído recientemente otro libro mucho menos conocido, “La mente extendida” de Andy Clarke y David Chalmers, que me había vuelto loco. Habiendo sido escrito hace más de 10 años, ya exploraba cómo se producen los procesos cognitivos y cómo extender la mente a través de elementos extracorpóreos.
Y es que hablamos mucho ahora de apoyarnos en los algoritmos y “segundos cerebros”, pero el papel y lápiz, la computadora ó la regla de cálculo para el arquitecto, son elementos extra-corpóreos que nos llevan ayudando desde hace mucho tiempo.
En otros contexto, la Wikipedia es también un buen ejemplo de cognición extendida más allá del propio individuo, como una suerte de inteligencia colectiva.
¿Es lícito entonces pensar que la cognición no se circunscribe solo a lo que ocurre dentro de nuestro cerebro? ¿Admitimos con naturalidad el apoyarnos en elementos externos, como yo creo que siempre ha ocurrido?
Hace tiempo que ya nos apoyamos en elementos externos para potenciar nuestras capacidades
El uso de suplementos vitamínicos ¿no es una forma de “aumentarnos” en el plano de la salud?
En el proceso de desarrollo y aprendizaje humano, los niños utilizan el lenguaje junto con artefactos físicos a modo de extensiones cognitivas. ¿No es entonces el lenguaje una palanca de extensibilidad para nuestra inteligencia?
¿Y no son acaso las empresas de alguna forma “entes pensantes” como se plantea en el libro de Ricardo Forcano “La empresa como red de aprendizaje”?
Si aceptamos que la cognición ocurre incorporando una serie de creencias, ¿podrían mis estados mentales estar constituidos en parte por los estados de otros sujetos pensantes que me rodean? ¿No es lícito pensar que mi cognición incorpora creencias externas como las sugerencias del chef de un restaurante ó los consejos de mi contable? Las recomendaciones de mi librero ¿serían creencias extendidas?
Ocurre que otras especies animales se apoyan también en elementos externos para extender sus capacidades locomotoras. Los peces, por ejemplo, nadan utilizando la energía cinética de los vórtices de su entorno acuático, incorporando a su conducta natatoria esas fuerzas al núcleo mismo de sus rutinas locomotrices.
Saliendo de la caja
El uso de Google nos ha cableado nuestra manera de gestionar la información. Entramos en su cajita de búsqueda tratando de encontrar respuestas a ciertas preguntas, pero como decía Jorge Wagensberg “cambiar de respuesta es evolución, cambiar de pregunta es revolución”. Y es que la llegada de la IA Generativa permite establecer diálogos con el algoritmo en proceso iterativos de co-creación, donde la tecnología no es ya un “co-pilot” sino un “co-thinker”.
Tanto Luis como César apostaban por usar la tecnología para provocar e iterar “en la trastienda”, dejando ya el aterrizaje al humano. Usar la algoritmia para detección de puntos ciegos, hacer conexiones improbables, contextualizar conocimiento, crear nuevas narrativas que explorar,…
Para Luis la inteligencia artificial replica el modelo de los dos hemisferios cerebrales. Para él, la IA es una extensión de su hemisferio derecho y le ayuda a crear y a explorar. Pero también le ayuda a converger, que es la parte del proceso creativo que le resulta menos natural. Sin embargo, una persona con mente más estructurada, usaría la IA para explorar datos, automatizar procesos, generar insights y apoyar su pensamiento racional y determinista.
Es decir, de alguna forma la IA potencia ó complementa tu modo de pensar, amplificando las fortalezas y compensando la parte en la que se tienen más carencias.
Luis nos comentaba cómo ha digitalizado el viejo sistema “Zettelkasten” para gestionar todas sus ideas apoyándose en Obsidian, con el objetivo de replicar una especie de “segundo cerebro” para para ayudarle a buscar nuevas conexiones.
Compartía además César una anécdota sobre la cognición externa y las herramientas, al escuchar a un arquitecto decir que hay muchos edificios que, solo con echarles un vistazo, puedes determinar con precisión con qué versión de AutoCAD se crearon.
Entrando en “flow” como si estuviéramos en una “jam sesión”
Siendo Rosa y César músicos, no podíamos dejar pasar la ocasión de reflexionar sobre el proceso creativo en el mundo de la música.
Rosa verbalizaba que el uso de un instrumento musical es una manera más de poder continuar con lo que sea que está ocurriendo en tu cerebro. Y además, se produce algo mágico, al materializarse en un sonido lo que ocurre en el pensamiento.
César apuntaba que al formar parte de una “jam session”, entras en un sistema cognitivo que forma está formado por varias personas conectadas. Además, la conexión no ocurre exclusivamente a través de la melodía, sino también con el ritmo y no solo mediante las pistas verbales, sino también a través de las no verbales. Es lo mismo que ocurre en una pareja que baila, en la tripulación de un submarino, en el equipo médico en un quirófano o entre un comandante y su segundo en una cabina de un avión. En todas esas ocasiones, las parejas actúan como un solo cerebro y constituyen una cognición que tiene mucho que ver con ese concepto denominado “inteligencia encarnada” y en el que lo que entendemos como cognición es algo que no solo involucra el cerebro, sino también al cuerpo y al entorno.
El proceso creativo
Luis Villa decía que él “ayuda a liar empresas que están demasiado montadas” y a continuación “estructurar lo nuevo para que funcione”. En ese viaje, su propósito es, a través del diseño o a través de las narrativas, introducir la compasión y el afecto en los procesos y en las organizaciones.
El proceso creativo transita por lugares poco convencionales, no solo conectando puntos sino introduciendo nodos nuevos en la cadena de pensamiento en una suerte de proceso arborescente ó fractal.
Fernando apuntaba que el diseño crea relaciones, y no se dedica en exclusiva a resolver problemas, y César reflexionaba sobre cómo los propios procesos de diseño “bottom-up” y colaborativos, consisten en escuchar a los sujetos de ese diseño de forma que el propio proceso genere ya un cambio.
Frente a enfoques más tradicionales de consultoría donde se trata de aplicar un modelo “top-down” a una realidad concreta y que lleva a menudo al “mundo de los McNuggets” (parecen pollo pero no lo es), el buen diseño genera cambio ya de por sí, porque “recablea” a la organización y gente que nunca se hablaba comienza a hablar.
En ese contexto de pensamiento de diseño y con la llegada en masa de los algoritmos, me parece fundamental hacerse la gran reflexión del diseño: “céntrate en diseñar las cosas correctas antes de realizarlas de la forma adecuada”. Y es que la democratización de la IA nos lleva habitualmente a centrarnos mucho en los “cómos” obviando a menudo los “por qués” y “para qués”.
El poder de una buena pregunta
A Rosa le preocupaba que, de acuerdo con un estudio reciente de HBS, el 70% de los trabajadores siente que no puede hacer preguntas en su entorno laboral.
Sin embargo, las preguntas están muy ligadas a la curiosidad y la curiosidad es un elemento clave de la creatividad, que sabemos que es verdaderamente relevante en el mundo al que vamos. Y partimos de una educación que no nos han enseñado a hacernos preguntas, y donde no disponemos de entornos profesionales seguros en donde hacerlas. Se produce entonces la paradoja de que disponemos de las mejores herramientas para hacernos preguntas, pero la mínima oportunidad de desarrollarlas.
César nos compartía cómo utiliza la IA para exteriorizar los términos de un problema. Es como cuando compartes una preocupación con alguien y de pronto, das con la solución. En el mundo del diseño esa labor de “sparring” es inmensamente útil, ya que, para poder desarrollar las ideas, necesitas exteriorizarlas. De hecho, hay muchos estudios que demuestran que, si un diseñador piensa en voz alta, la calidad de sus bocetos mejora sustancialmente. Es como si se estuviera produciendo un diálogo silencioso y en bucle entre mano, lápiz, papel y ojos de forma que actúan como un cerebro externo.
La era del florecimiento
Fernando nos provocó con una cita apócrifa que decía algo así como que “progresar no es correr, sino elevarse”. Y es que para él, el desconocimiento es como una especie de continente, mientras que el conocimiento es el mar que va subiendo. Según va subiendo el nivel del mar y el nivel del conocimiento, lo que van quedando son islas de desconocimiento cada vez más separadas, y al ser más difícil llegar a ellas, constituyen parcelas más especializadas.
Para los humanos, conectar esos territorios aislados es muy complejo, pero cuando empezamos a utilizar herramientas de IA, se establecen “puentes cognitivos” que conectan esas islas.
César, apuntó que duda mucho de que los retos contemporáneos sean el resultado de un déficit de inteligencia, o en otras palabras, que no piensa que dotarnos de más inteligencia nos proporcione la solución a los mismos. Cree que tenemos, de hecho, un excedente de inteligencia y un déficit de acción colectiva. Por ejemplo, en mitigación y adaptación frente al cambio climático, donde no es la falta de inteligencia lo que determina lo insuficiente de nuestra respuesta actual.
Y entonces ¿qué nos asusta del algoritmo?
Parecería que aceptamos con naturalidad que la cognición no ocurre en aislado dentro del individuo, sino que se apoya en elementos extracorpóreos y en otros humanos. Sin embargo, la llegada de la IA generativa parecería que nos ha puesto en guardia y le tenemos un miedo atávico a la hora de aceptar su rol en esas capacidades extendidas de las que podemos disponer. Pero, ¿por qué se produce ese fenómeno?
Mi hipótesis es que a los humanos nos gusta poco el “externismo” en los procesos cognitivos, por varios motivos:
- En muchos casos, se asocia a actividades que ocurren fuera de nuestro cuerpo de forma no consciente.
- Además, los sistemas externos nos parecen sistemas que se pueden desacoplar muy fácilmente. Pero el carácter contingente del acoplamiento no descarta que no tenga estatus cognitivo. ¿Acaso la calculadora no se puede quedar sin pilas ni al ingeniero olvidársele la batería del PC?
- Tampoco nos gusta la aparente poca fiabilidad de lo que ocurre fuera de nuestro cerebro, pero ¿acaso una pérdida temporal de consciencia, una borrachera o la somnolencia no restan también coyunturalmente capacidades al cerebro?
Si la confianza, la no dependencia y la fácil accesibilidad son los criterios que nos llevan a aceptar capacidades cognitivas externas no algorítmicas. ¿serán los mismos criterios que utilizamos al aceptar delegar cognición en una IA?
El rol de la IA en la Educación
Luis, en base a sus experiencias dando clase en escuelas de negocio, observa un rol creciente de la IA en la creación de los trabajos por parte de los alumnos, sobre todo de los hombres. En el caso de las mujeres, parecería que se fían menos de la literalidad de las respuestas del algoritmo ó que desean apoyarse en ellas, pero sin suspender su reflexión personal.
El mensaje a sus alumnos es que se están tomando el pelo a sí mismos, ya que al hacer “copia+pega”, se pierde todo el valor personal en el proceso creativo y los resultados resultan aburridamente homogéneos y cortados por el mismo patrón.
Quizá un buen mecanismo para seguir provocando un uso efectivo de la IA sea el utilizarla “en la trastienda” pero llevando al alumno a realizar exposiciones orales y obligándole a generar un diálogo, un debate, en un método de aprendizaje que recuerde más al “método socrático”.
Una pregunta para lanzar al aire sería: “después de convertirnos en una suerte de cyborg, ¿llegará un día en el que no tenga recursos para pagar mis algoritmos ni para mí ni para mis hijos? ¿Será tener una buena IA el nuevo Harvard, Yale ó Stanford…?”.
Nuevos interfaces generan nuevos procesos cognitivos
Rosa apuntaba que, consciente de sus fortalezas, utiliza la IA para explorar territorios que le complementan. Teniendo conversaciones con ChatGPT y verbalizando preguntas en alto, se desbloquean muchas cosas en el cerebro. El uso de la voz para comunicarse con el algoritmo, sobre todo ahora que pasamos muchísimo tiempo escribiendo y chateando, está desbloqueando partes de su consciencia que a nivel personal, le llevan a lugares muy diferentes al mundo escrito.
¿Qué queremos preservar para el futuro?
Rosa planteaba el caso del restaurante danés Noma, nominado mejor restaurante del mundo durante muchos años, como ejemplo de cómo afrontar, desde la innovación, la incertidumbre de lo que está por venir. El exitoso restaurante, transformado en un laboratorio de alta cocina, se encuentra en una reflexión sobre cómo preservar los mejores alimentos para el futuro.
¿Y si desde una perspectiva empresarial nos hiciéramos una pregunta similar? ¿Qué vamos a querer ser en 20 años? ¿Qué valor vamos a aportar a nuestros clientes? ¿Qué queremos preservar de nuestras empresas?
Con una dinámica parecida, podríamos empezar a preguntarnos: “una vez que la IA supla gran parte de nuestros procesos cognitivos ¿cuáles son aquellos que queremos preservar al ser los de mayor valor? Si la IA hiciera el 95% de lo que hacemos ¿qué 5% querríamos conservar nosotros?”
En ese sentido, Fernando hizo mención a la última charla TED de Javier G. Recuenco en Málaga titulada “El último santuario humano” como un ejemplo de reflexión en esa dirección.
Qué buena es la IA cuando ya eres sabio
Mirando hacia el futuro, creo que un reto fundamental es entender cómo se van a desarrollar las nuevas generaciones. Y es que nuestra generación puede “aumentarse” gracias a la IA porque dispone de una base desde la que multiplicar. Como decía aquel: “qué buena es la IA cuando ya eres sabio”.
¿Pero qué pasará con aquellas personas que nazcan en un contexto en el que la IA siempre haya sido parte de su proceso cognitivo? Ese efecto multiplicador ¿sobre qué base actuará? Me recuerda a cuando Bart Simpson decía aquello de “multiplícate por cero”, y la importancia de la base desde la que se produce el efecto multiplicador.
Mirando al futuro con corpus de conocimiento del pasado
Si algo caracteriza a los grandes modelos de lenguaje, es que construyen sobre pilares de conocimiento del pasado. ¿Pero no es extrapolar el pasado hacia el futuro un lastre?
César creía que sí, que la consistencia está sobrevalorada, que cuando te encuentras en una situación nueva, no es casualidad que se hable tanto de la necesidad de desaprender. Para él, hablar con un LLM es establecer un diálogo con un corpus de conocimiento histórico y con el acervo humano de todo lo que se ha escrito en el pasado. Por tanto, la respuesta a cualquier pregunta, va a contener lo que tenga más frecuencia estadística en todo lo que ha sido escrito en el pasado. Pero ahora, desde el presente, la responsabilidad es entender cuál es el listón de “mediocridad” que el algoritmo devuelve y elevarse sobre esa base, porque si no, ¿para qué estamos?
Por eso, cuando Bruce Sterling, fundador del movimiento ciberpunk decía aquello de que “no seas una persona bien redondeada”, sino que seas una “persona picuda”, tiene más vigencia que nunca. La gente equilibrada a la que se le da todo más o menos bien, en el mundo de la IA lo va a tener muy crudo. En cambio, la gente que es excepcionalmente buena en un par de asuntos, pero tiene carencias en todo lo demás, va a poder aprovechar el enorme poder de la IA para acabar de “redondear” su conocimiento.
Los “zombies filosóficos” y la importancia del “piel con piel”
Fernando apuntaba la importancia del concepto de “zombie filosófico” enunciado por David Chalmers, como aquel ente digital que, sin poseer una inteligencia humana, emite respuestas que parecen humanas. Y lo son con sus fortalezas y sus carencias, con las imperfecciones que tenemos los humanos.
Luis reforzaba la idea de la importancia de generar “fricción” y “piel con piel”, desde un ángulo de los procesos educativos pero extrapolable al entorno empresarial. Al fin y al cabo, el desarrollo humano ocurre mediante la serendipia que llega aparejada al contacto físico entre individuos ó lo que Luis llama “meaningful frictions” y que generan un vínculo.
¿Estamos las empresas preparadas?
La discusión en el ámbito empresarial parece estar discurriendo más por el ámbito de las capacidades tecnológicas que por el de los impactos en las organizaciones, en los equipos de trabajo y en la cohesión social de nuestros colaboradores.
En ese aspecto Luis reivindicaba dar por superado en el contexto de la economía del conocimiento los planteamientos exclusivamente “tayloristas” que solo llevan a la estandarización, planificación y optimización, e incorporar una dimensión de gestión más humana.
Del mismo modo que los cambios no ocurren de forma lineal, los perfiles con muchas aristas ofrecen muchas más soluciones en entornos de incertidumbre. El reto, y lo maravilloso, de la gestión de organizaciones, es que no somos microchips replicables y que no fallan, sino que aportamos dudas, miedos, inseguridades, incertidumbre y serendipia.
Los viejos paradigmas de la psicología del trabajo en la que se producía una separación de mentes que piensan y brazos que ejecutan, es un modelo necesariamente superado. Pero resulta desolador que la ortodoxia de la división de la producción en perfiles sustituibles, estandarizados mediante una “job description”, desencadena procesos de selección en los que se trata de ver cuál es el encaje entre la persona que tienes delante y esa descripción que has escrito de forma previa. Todas esas ortodoxias son de principios del siglo XX y no son funcionales en las dinámicas de mercado actuales.
La necesidad de reinventarse como profesionales
Luis compartía cómo se encuentra con gente de su generación que empiezan a retirarse. Son personas que creían que su trabajo era intocable y han construido su identidad alrededor de la marca y una posición.
Son profesionales que salen de las empresas y no saben qué hacer con su vida. No han hecho red, no han fomentado la inquietud. El contacto con el mundo exterior ha sido cauterizado completamente por la dinámica de la organización y, además, les han eficientado tanto hacia una posición que está siendo amortizada, que no encuentran un puesto similar en otro sitio, con lo cual viene la crisis de una reinvención forzosa y acelerada.
La lectura en términos de oportunidad para las empresas, reside en dotar a sus profesionales de las herramientas que les permitan la reinvención preventiva. Nunca, de hecho, ha estado tan disponible el acceso al conocimiento y al aprendizaje personalizado.
Sin embargo, la mera herramienta no es suficiente. Como decía Rosa, es como si a alguien que lleva 25 años casado se divorcia y le dicen: “ahí tienes una aplicación maravillosa que se llama Tinder. Venga, sal a ligar”. Pero porque tenga Tinder, no quiere decir que esa persona sepa ligar.
La reinvención empresarial, a menudo se produce ante la necesidad
Rosa recordaba su primera experiencia corporativa en Iberia, y cómo la llegada del Covid forzó a toda la industria a reinventarse, porque lo que siempre se había dado por hecho y eran verdades fundamentales del sector, tenían que ser revisitadas.
De mismo modo, la llegada de la IA debe de forzar a las grandes corporaciones a entender que se ha abierto una puerta para, por primera vez en muchos casos, reinventarse y volver a imaginar su negocio.
Mirando al futuro con optimismo
César quiso cerrar con una nota de optimismo a propósito de las generaciones que ya nacen con la IA en la mano, creyendo que siempre ha habido gente que florece pensando y no vas a poder evitar que dejen de pensar, y por otro lado, gente que odia pensar, y no vas a hacerles pensar nunca. De modo que los primeros siempre van a encontrar la manera de no dejarse hurtar por las IA su deseo de pensar por el puro placer de hacerlo, y los segundos, siempre encontrarán una manera de no pensar. La cohorte de gente que florece pensando no va a disminuir, y van a ser los que realmente van a marcar la diferencia, como siempre ha ocurrido.
Luis creía que lo que nos ocurre es que estamos en una situación liminal entre un mundo que está desapareciendo y otro que todavía no se ha creado, lo que genera mucha ansiedad. El mapa se ha roto y lo que conocías ya no es cierto. Pero es en esa zona donde, como decía Víctor Turner y otros antropólogos, lo que saca todo delante es el “comunitas”. Es ese deseo de explorar en comunidad, saliendo de la incertidumbre a través del juego y la experimentación. Se generan relaciones no necesariamente buscando la eficiencia, sino a través de nuevas conexiones.
Fernando quiso cerrar también de forma optimista. Las inteligencias artificiales son, o serán, un poquito como nosotros. ¿Serán curiosas, serán rápidas? Bueno, seguramente mucho más rápidas que nosotros. Estarán llenas de ideas, pero nosotros vamos a poner algo que ellas no tienen todavía: corazón y empatía.
Rosa apuntó a la tecnología como habilitador de posibilidades. Del mismo modo que la llegada de Internet a su casa cuando tenía 10 años, explica gran parte de lo que es ella hoy y le permitió explorar con curiosidad futuros posibles, las oportunidades que a día de hoy habilita la IA son descomunales. Y hay una responsabilidad individual por abrazarlas y formarse en ellas sin esperar que tu empresa o un tercero te empuje a ello.
Agradecimiento infinito a Rosa, Luis, Fernando y César
Hay momentos enormemente reconfortantes, y la grabación de este episodio de Futuroscopia ha sido una de esas ocasiones.
Compartir ideas con amigos, con un enfoque propositivo y optimista, y abriendo espacios de discusión sobre los que seguiremos discurriendo todo este año, resulta alentador.
Es un verdadero privilegio estar a vuestro lado, aprendiendo, configurando diferentes visiones del mundo y creciendo.
A los queridos escuchantes, os esperamos en el siguiente episodio de Futuroscopia que, si para algo debiera servir este podcast, es para abrir la mente y el pensamiento.
Muchísimas gracias a todos.
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