Se le atribuye a la antropóloga Margaret Mead la cita “nunca dudes de que un pequeño grupo de ciudadanos reflexivos y comprometidos puede cambiar el mundo. De hecho, es lo único que lo ha logrado“. Todavía procesando las emociones de asistir ayer al encuentro anual de la comunidad CPS (Complex Problem Solving) en Madrid, no podía sino recordar esa poderosa idea.
Escribir es una manera de ordenar pensamiento, así que me pongo manos a la obra, todavía con resaca emocional y cognitiva, para tratar de sintetizar el caudaloso torrente de ideas que ayer circuló por las aulas de la Universidad CEU San Pablo.
Arrancaban Pau Mugarra Llopis y Guillermo López-Dóriga Suárez poniendo al toro en suertes, dando la bienvenida a un encuentro que se anticipaba radicalmente honesto y cognitivamente denso. Como chamanes de una pequeña tribu de sufridos galos, nos recordaban el solitario camino de los que aceptamos que el mundo no es sencillo, sino que asumimos que la mayor parte de los fenómenos interesantes por explorar, entra de lleno en territorio de lo complejo.
La imagen que Guillermo pintó de los gestores de proyectos navegando atolones de islas desconectadas en forma de departamentos independientes en una empresa, resultaba intranquilizante y evocadora a partes iguales. Nos recordaba a qué nos dedicamos los que actuamos en el contexto de la Gestión del Cambio y la Transformación de las organizaciones. Citando a Marshall McLuhan, nos recordaba que “conducimos cada vez más deprisa hacia el futuro, tratando de guiarnos solo con el espejo retrovisor”.
¿Dato mata a relato, al revés ó todo es relato?
César Astudillo entró como un torbellino para poner las consciencias patas arriba, con su ponencia sobre el dato y el relato, y cómo necesitamos narrativas para la razón, la persuasión y el diálogo. Frente a la dicotomía entre creer que los datos son asépticos, César nos recordaba que la realidad solo es inteligible y transmitida mediante relatos, y los datos no dejan de ser una forma de relato que cuentan con la errónea percepción de considerarse neutrales, cuando su propia selección ya constituye una decisión narrativa.
Nunca sabemos cuántos datos vamos a necesitar para pintar una visión completa de la realidad, y de hecho el mayor riesgo de creer en el “mito de la caverna” de Platón, es asumir que alguna vez podamos estar fuera de ella.
Me gustó especialmente su reflexión sobre la probabilidad como indicador subjetivo de la confianza y su comparación entre el uso de “modelos de mundo pequeño” frente a “modelos de mundo grande”. Los primeros, son excelentes para describir las operaciones, pero para el terreno de la estrategia y la toma de decisiones sin disponer de todos los datos, debemos de guiarnos por los de “mundo grande” ya que no hay un suficiente número de instancias en el pasado para calcular probabilidades de ocurrencia de fenómenos en el futuro.
Preciosa su referencia a la “parábola del centinela” y cómo cuando la vida te va en ello, de poco sirve la probabilidad de que un hecho relevante ocurra (una revolución política, la detección de una enfermedad grave,…) porque las tasas históricas de supervivencia no te alivian en tu agobio por resolver no todas las situaciones del mundo sino específicamente en la que tú te encuentras.
Me resultó espacialmente poderosa su afirmación sobre que la única razón aceptada en el mundo corporativo es la “razón calculativa” y cómo cuando los chicos del Behavioral nos hablan de los “sesgos cognitivos” caen en la trampa de que los explican comparando un sesgo contra una situación artificialmente objetiva y de laboratorio.
César animaba a confiar más en la amígdala y los instintos, como una suerte de “borracho interior” que a veces nos previene de las decisiones tomadas en base a datos que pueden no ser relevantes ó que hayan fallado en su cadena de custodia. De este modo, al igual que Bezzos, a veces es prudente tomar decisiones incluso en empresas reconocidas como “data-driven” dejándonos guiar por una narrativa que percibimos más ajustada a la realidad por mucho que contradiga a los datos.
Los modelos de mundo pequeño presumen de tener un gran poder predictivo, y eso nos resulta muy seductor. Por eso con frecuencia creemos que un gemelo digital es la realidad, cuando no debemos confundir el mapa con el territorio.
Sus referencias a la crisis de los misiles cubanos ó a la captura de Bin Laden, le dieron un tono épico al hecho de cómo con frecuencia las organizaciones pedimos certidumbres como si a los hermanos Wright les hubiéramos requerido de una “success story” antes de que emprendieran el primer vuelo tripulado.
¿Es posible aplicar el CPS en proyectos empresariales?
De la ponencia de Toni Dorta me quedo con su descripción del CPS (Complex Problem Solving) no como un corpus cerrado de herramientas, sino casi una forma de operar en contextos de alta incertidumbre: pensamiento sistémico, exploración mediante la experimentación, dedicar tiempo al factor humano de los proyectos, hacer planificaciones que permitan ajustes y pivotes en vez de provocar la ilusión de control desaforada de los diagramas Gantt. En un mundo en el que las recetas sencillas nos entusiasman, el CPS no es una lista de pasos a seguir sino unos principios a considerar, casi una forma de ver el mundo.
Su alegato sobre que la consultoría a menudo se contrata para dormir tranquilo por las noches y “no comerse el tarro” me hizo sonreír. También su apuesta por trabajar con los clientes en un plano psicológico y no exclusivamente técnico, porque los verdaderos problemas complejos o “retorcidos”, nunca se acaban. Ó te cansas de ellos, ó desfalleces, pero siempre seguirán existiendo.
Fue reconfortante observar su apuesta por entender y limpiar los procesos, antes de ponerse manos a la obra eliminando actividades innecesarias, simplificando mediante rediseño, integrando actividades dispersas ó duplicadas y entonces sí automatizando y eficientando lo repetitivo ó manual.
Diseño de futuros, y nuestra capacidad de trabajar escenarios plausibles
David Alayón nos ofreció una auténtica master-class sobre diseño de futuros. En un contexto de tasas de cambio exponenciales, de procesos con efectos de segundo y tercer orden a menudo imprevistos y en contextos liminales donde lo nuevo empieza a surgir antes de que lo antiguo haya apenas empezado a colapsar, disponer de una visión de “conos de probabilidad” en mi contexto empresarial se hace imprescindible.
Me gustó especialmente su exposición sobre el modelo de triple diamante (exploración, imaginación, estrategia) y el abroche que hacía sobre las metodologías de Diseño de Futuros y de CPS, donde las primeras nos ayudan a determinar por qué espacios transitar y las segundas nos acompañan en el tránsito por esos espacios (ojo al programa ejecutivo que están preparando y que integra ambas visiones, porque tiene pinta de ser espectacular).
Su relato de cómo vivir en la época más conectada de la historia puede ser la razón que explique la complejidad actual y sus definiciones de una ambigüedad polarizante que produce contradicciones y tensión, resonó mucho con las emociones que experimentamos hoy en día en el mundo corporativo.
De sus muchas frases para tomar nota, me quedo con que “en cualquier reto, aunque sea sencillo, en cuanto le metemos humanos se vuelve complejo”. Ó que “el futuro no se puede predecir porque el futuro no existe, sino que lo que se puede es anticipar”.
En ese contexto, trabajar escenarios de futuro nos permite “mandar a gente al carajo” (ese lugar en lo alto del mástil de los grandes barcos de vela que permitía avistar el horizonte y anticipar acontecimientos).
Lo que me gusta especialmente de la visión de David es que impulsa a tomar acción sobre las cosas, evitando caer en el nihilismo de que como no podemos predecir el futuro, mejor no hacer nada. De hecho, David nos recuerda la enorme responsabilidad que tenemos al imaginar futuros posibles, ya que esa mirada nos sesga y tiene la capacidad de generar “hipersticiones” (ficciones anticipatorias con capacidad real por cambiar nuestra realidad futura).
Truth Coping, ó por qué la verdad nos incomoda
De la charla de Mertxe Pasamontes sobre la asunción de la realidad, me quedo con un concepto muy relacionado con la gestión del cambio. Los sistemas no colapsan por problemas técnicos, sino cuando aparece una verdad incómoda que no se puede sostener y que el sistema niega con la esperanza de no romperse. Aceptar la realidad a menudo supone tener que integrar demasiadas cosas a la vez y entramos en implosión, ya que ver la verdad no es lo difícil, sino introducirla en un sistema sin hacerlo colapsar antes de tiempo.
Cuando los datos no encajan con la historia que un sistema se cuenta sobre sí mismo, el sistema no cambia la historia sino la interpretación sobre los datos.
Mertxe nos recuerda que ver los fallos en una organización es sencillo, pero que intervenir requiere de una habilidad diferente y mucho más complicada. De este modo, el “truth coping” no es decir la verdad, sino saber cuándo, cómo y cuánta verdad puede sostener un sistema en cada momento.
A veces insistir demasiado puede generar resistencias y anticuerpos en la organización, por lo que la calidad de nuestras intervenciones depende de la precisión en la lectura previa del sistema.
La Ingobernable – Un futuro para España
El día lo cerraban el bueno de Alex Sanz Vicente gestionando como podía a Javier G. Recuenco, en un nuevo episodio muy simpático de su podcast La Ingobernable.
La tesis de ambos es que el desarrollo tecnológico trae un nuevo reparto de cartas que España debería de aprovechar en un escenario en el que la pelea por la infraestructura y los modelos está ya perdida. Para ellos, todo lo que no sea CPS va a ser devorado por la IA, y ahí la forma de operar de los latinos tiene muchas ventajas sobre la que ellos denominan simbólicamente “los luteranos”.
Su apuesta por ofrecer un espacio seguro a los que quieran mover la aguja impulsando un proyecto país para “trabajar por levantarlo, no para que no se nos caiga encima”, era un alegato al optimismo CPS.
Pintaron una España con tantas capas, que ya nadie sabe cómo ni por qué se producen las cosas, pero con unas redes de soporte y una mentalidad creadora, que, con un ajuste de nuestra burocracia y un apoyo al que emprende y arriesga, debería de generar verdaderas autopistas por las que el CPS hispano transitaría con brillo.
María Blanco, como siempre al pie del cañón
Cualquier movimiento, necesita de un gran impulso, y no puedo sino agradecer el que ofrece María Blanco González en esta comunidad CPS.
Además de su charla sobre cómo reducir la pobreza tratándola como un problema complejo, su presencia, mimo, y su buen hacer, nos acompañó durante todo el día.
María es energía y conexión, ingredientes básicos en esta salsa. Me siento inmensamente afortunado de poder estar cerca de ella.
Salgo de este encuentro con la comunidad muy optimista, con infinidad de ideas todavía por aterrizar y conectar, y con la percepción de que hay un grupo de “jedis” que se resisten a que gane el lado oscuro de la fuerza.
Ahora es necesaria la tracción, no dejar que el movimiento se convierta en un acto anual de lamerse las heridas, sino una verdadera fuerza tractora que reclute aliados para hacer las cosas de otra forma.
Agradecimientos infinitos a los organizadores por un trabajo arduo pero absolutamente reconfortante, y un gusto el encontrar y en algunos casos desvirtualizar a tantos amigos y compañeros de viaje. Chelu Martin , Luis Villa del Campo , César López , Felipe Iglesias Pernas , Fernando Garcia-Quismondo (高安洋) , Marcos Montes Fontelo , Bárbara Quirós Donoso , Pablo Grueso , Noemí Carro , Antonio Pose , Fernando Santiago , Fernando Moreno
Contando los días para el siguiente encuentro.
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