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La compresión temporal del mundo que vemos, en una noche de verano

Observar con calma el cielo una noche de verano es un espectáculo único. Es cierto que la nitidez del invierno, con una atmósfera por lo general más seca, permite mayor detalle, pero ¿quién aguanta más de media hora al raso bajo gélidas temperaturas? El eclipse solar que recorría España hace apenas unos días nos regaló…

Observar con calma el cielo una noche de verano es un espectáculo único. Es cierto que la nitidez del invierno, con una atmósfera por lo general más seca, permite mayor detalle, pero ¿quién aguanta más de media hora al raso bajo gélidas temperaturas?

El eclipse solar que recorría España hace apenas unos días nos regaló una oportunidad única para recuperar la tradicional costumbre familiar de quedarnos un rato más y dedicar una noche a observar el firmamento. Tras la puesta de sol, y una vez el rastro lumínico desapareció de la atmósfera, el cielo en Las Merindades se empezó a poblar de estrellas.

En esta época del año, hay una referencia que mi abuela me enseñó de niño: el “triángulo de verano”. Deneb (en Cisne), Vega (en Lira) y Altair (en Águila), forman un triángulo de luminosas estrellas muy fácil de distinguir para los aficionados.

Mi hijo Pedro me preguntó: “papá, ¿y a qué distancia está Deneb de nosotros?”. Una pequeña consulta a la IA me permitió contestarle que a 2.600 años luz. Le expliqué que los fotones que él veía ahora salieron de esa estrella aproximadamente en el siglo VI a. C, es decir, antes incluso de que Alejandro Magno hiciera de las suyas por Anatolia, Mesopotamia y Persia. Y pese a semejante distancia, Deneb es perfectamente visible a simple vista, lo que da una idea de su potencia: es una supergigante blanca extremadamente luminosa.

Impresionados mis hijos por el dato, me preguntaron por Orión, la constelación de invierno que sí conocen bien, y su característico “cinturón”. Resulta que ese cinturón es una verdadera “máquina del tiempo”. Cuando lo observas, estás viendo Mintaka (~1.200 años luz), Alnitak (~1.260 a.l.) y Alnilam (~2.000 a.l.).

Es curioso: los humanos hemos dotado de narrativa a cada constelación basándonos en la aparente cercanía de sus estrellas. Pero esa cercanía no es real ni en el espacio (apenas una proyección plana de algo tridimensional) ni en el tiempo. La luz que hoy vemos del cinturón de Orión corresponde a emisiones separadas por siglos entre sí. Podría incluso haberse apagado ya alguna de esas tres estrellas, y nosotros seguiríamos viéndolas ahí, tan tranquilas, sin enterarnos.

En esas estábamos observando el cielo de Burgos, cuando me dio por pensar en la cantidad de veces en que observamos fenómenos que son solo luz residual de algo que hace tiempo ya se apagó. El “efecto halo” de una persona o la cuenta de resultados de un negocio que parece sana pero que no deja de ser un “caballo muerto”.

Y más allá de eso pensaba en la importancia de rodearte de aquellas personas dotadas de la capacidad de “mirar más allá”, de entender el mundo no como una foto fija sino como una secuencia de fotogramas y son capaces de identificar señales del futuro y entender la dirección, sentido y magnitud del vector. Son aquellos que, como decía el jugador de hockey sobre hielo Wayne Gretzky, no “patinan hacia donde está el disco, sino hacia donde prevén que va a estar”.

Creo que en estos tiempos liminales mucha gente está pendiente del último modelo de IA, del último artefacto tecnológico brillante, y pocos son capaces de entender las trayectorias. Y me obsesiona el ser capaz de abstraerme de modas y tendencias del último trimestre o la última semana, no vaya a ser que estemos observando la estrella Mintaka, y no deje de ser una forma de mirar a un pasado que quizá hace tiempo que dejó de existir.

Así que, en esta vuelta a la actividad profesional tras las vacaciones, propongo una revisión activa de cuál de las luces que tenemos delante (en tu equipo, en tu negocio, en tu sector) sigue brillando solo por inercia. Y cuál llevaba ya siglos encendida sin que nadie se hubiera molestado en mirarla y empezar a prestarle atención.

Feliz verano.

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